sábado, 1 de diciembre de 2012

LA EDUCACIÓN: UNA CUESTIÓN DE CLASE, LA MUJER (III)


Cuando nos hablan o hablamos de la situación de la mujer bajo el régimen del general golpista Franco, siempre acuden a nuestra imaginación las imágenes de mujeres cautivas en lo que la tradición se empeña en llamar hogar. Mujeres sin derechos pero agotadas de deberes; deberes hacia su marido; deberes hacia sus hijos; deberes hacia sus padres; deberes hacia su iglesia y sacerdotes; deberes hacia todo y hacia todos, menos hacia ellas mismas. Porque ellas no eran, aunque ansiaran ser. Menores de edad de por vida, siempre bajo la tutela del padre y cuando tuvieran edad suficiente, bajo las fauces de algún lobo feroz que las desposase. Esta es la imagen que guarda el recuerdo de los mayores y que nos transmiten con sus palabras, pero más aún con sus propios gestos. Cuántas de nuestras abuelas, educadas en el régimen, no mantienen esos gestos de sumisión hacia el marido; los mismos gestos hacia sus hijos, incluso en su vida ya adulta.

¿Era acaso la moral de una iglesia totalizante? ¿Las directrices del nacional-sindicalismo de esa Falange vertical? Los textos de la época escritos por las mujeres que se subordinaban a los hombres en el mando y, al mismo tiempo asumían la autoridad moral de educar al resto de mujeres, son claros al respecto de cómo debían ser. “Las mujeres nunca descubrieron nada; les falta, desde luego, el talento creador, reservado por Dios para inteligencias varoniles; nosotras no podemos hacer nada más que interpretar, mejor o peor, lo que los hombres nos dan hecho”. ¡Así se expresaba Pilar Primo de Rivera! ¡Así pretendía que fuese la educación para miles de niñas en el Estado español, una relación de sumisión directa al marido, a los hijos, a la escuela, a la Iglesia y a Dios! “si tu marido sugiere la unión, entonces accede humildemente, teniendo siempre en cuenta que su satisfacción es más importante que la de una mujer. Cuando alcance el momento culminante, un pequeño gemido por tu parte es suficiente para indicar cualquier goce que hayas podido experimentar. Si tu marido te pidiese prácticas sexuales inusuales, sé obediente y no te quejes”. Así sigue Pilar Primo de Rivera explicando a las mujeres cómo deben ser en la cama con sus maridos. Quizás la hermana del fascista José Antonio jamás experimentó en el lecho placer alguno. O quizás su propia represión sexual le impidió ver las maravillas que podía haber descubierto. “Se folló poco, y se folló mal” podría decirse, y lo extendieron a miles y miles de niñas que entre 1939 y 1977 tuvieron la desgracia de nacer bajo signo femenino.

Las siguientes imágenes pertenecen a lo que se conoce como “manual de la buena esposa”, editado por la Falange española. Sobra señalar el esperpento que a día de hoy nos pueden parecer las siguientes imágenes. Muchos hombres reirán al verlo y harán chanzas jocosas a sus compañeras, pero estas 12 imágenes supusieron el adoctrinamiento y represión a miles de mujeres en el Estado español:














La mujer sufre una doble explotación en esta sociedad capitalista. El patriarcado, sistema que no es eterno ni indestructible como nos quieren hacer creer los “padres” de la Iglesia, las explota por ser mujeres, por el único hecho de haber nacido con unos genitales diferentes, porque hasta ahí es donde llega la comprensión de estos elementos. El capitalismo las explota por el hecho de ser obreras, y juntado a su pertenencia al sexo femenino, recrudece en ellas todas sus miserias. La liberación de la mujer es un paso fundamental en el desarrollo de la historia de los hombres, en las dos acepciones del término hombre. Nuestras compañeras tienen por delante una labor muy dura, liberarse de las cadenas de la tradición, liberarse de las cadenas del capital y educar mientras luchan. La revolución será femenina, o no será.

2 comentarios:

  1. Nosotras y vosotros tenemos por delante una labor muy dura, porque la emancipación de la mujer, como ser humano, es cosa de todos!
    We can do it!

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    1. Nosotros tenemos por delante luchar a vuestro lado por vuestra emancipación y la nuestra, que es la misma, la de todos. Al mismo tiempo tenemos que aprender, aprender a liberarnos de una tradición que dice que el hombre es superior "por naturaleza", aunque realmente eso solamente se lo cree por miedo, miedo a la mujer sin miedo de tomar las riendas de su propio destino.
      We can do it!

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