lunes, 1 de octubre de 2012

En la tienda de animales...

Hagamos un ejercicio simple de abstracción e imaginemos. ¿Qué y por qué debemos imaginar? Algunas veces las cosas más complejas pueden comprenderse si las despojas de sus elementos más complicados, si haces de ellos cosas simples que se puedan explicar más fácilmente. Pues bien, ¿qué debemos imaginar?

Pensemos que vamos andando por la calle. Somos un gran magnate del sistema bancario y poseemos muchas empresas. Tenemos pasta, como se suele decir. Entonces nos paramos ante una gran puerta sobre la que reza un letrero en el que se puede leer "PAJARERÍA". La puerta se abre despacio, y del interior salen los sonidos y el olor de los animales, lo que hace que el ambiente dentro de la tienda esté muy cargado. Pero bueno, nosotros debemos entrar en aquel sitio de aspecto lúgubre porque tenemos que comprar una jaula para nuestra pequeña mascota. Hemos probado a tenerla en libertad y la cosa dio como resultado la necesidad de cortinas nuevas en el salón. El dependiente, cuyo aspecto tétrico no desentona con la decoración del local, nos invita a pasar a otra sala, mucho más tranquila, en la que se apilan cientos de jaulas en diferentes estanterías. Nos dice que elijamos la que prefiramos, se la llevemos al mostrador y entonces se marcha dejándonos solos entre aquel maremágnum de hierros varios. 

Nos acercamos con cuidado a la primera de las estanterías y observamos que todas esas jaulas guardan un ligero parecido. Todas están oxidadas y un poco corroídas; todas tienen unas pequeñas cadenas ancladas a los barrotes y éstos quedan unos muy juntos de los otros, lo que no permite casi ver el interior, y viceversa, desde el interior no permite ver el exterior. Pero sobre todo, en lo que más se parecen estas jaulas es en su tamaño, pues todas son especialmente pequeñas. Nuestra mascota cabe sin ninguna duda en la jaula, pero digamos que nos gustaría evitar que en tal situación de encarcelamiento que parecería, nos lance un mordisco cuanto intentemos meter la mano para darle de comer. Así que tranquilamente caminamos al siguiente estante. 

Las jaulas de esta segunda estantería parecían más suntuosas que las de la primera, llenas de brillantes y demás piedras preciosas. Al mismo tiempo tenía muchos detallitos ridículos como cruces, medias lunas y estrellas de seis puntas. El esperpento de la pomposidad lo ponía el resistente cierre en forma de corona. Los barrotes estaban un poco más separados que en las jaulas anteriores pero seguían sin permitir ver bien el interior, y viceversa, al que queda dentro ver el exterior. Tampoco es que fueran mucho más grandes, lo suficiente para que nuestra mascota no quedase encogida pero no como para que se pudiese dar la vuelta. Sopesamos por un instante esta jaula, porque los pomposos adornos pueden gustar a nuestras visitas pero en el fondo éstos sólo cubren con un velo una jaula pequeña e incomoda que puede provocar el mordisco de nuestra mascota. 

Pasamos a la siguiente estantería y vemos cómo aquí todos los adornos han desaparecido, y en su lugar queda una jaula fría simple, que se muestra como lo que es, con los barrotes más separados y mucho más amplia que las de la primera estantería, y bastante más que las de la segunda. Parecía una jaula de hierro bien fuerte, resistente a los golpes. Pero seguimos observando el estante donde se encuentran los diferentes modelos de esta jaula y vemos que según avanzamos las jaulas van teniendo algún añadido más. Por ejemplo algunas tenían los barrotes más separados. Las siguientes junto a eso presentaban un comedero y un bebedero más grandes, y ya hacia el final las había con todos esos añadidos y más amplias, para culminar en una jaula de dos pisos, de la que cuelga un cartel que reza "jaula adosada".

Por alguna razón, ninguna de estas jaulas de barrotes relucientes y buena amplitud nos parece adecuada para nuestra mascota. Quizá es que al ver loso barrotes nos parecen jaulas demasiado descarnadas y frías, así que decidimos ir a  hablar con el dependiente a ver qué más tiene.

- Hola, mire usted, estaba yo buscando una jaula que no fuese tan... fría, una jaula en la que mi mascota no sintiese que está atrapada. 

El dependiente se da la vuelta delante de nosotros y desaparece por una puerta, para reaparecer casi al acto con una gran jaula de cristal reluciente y transparente. 

- Esta jaula es perfecta para usted entonces. - nos dice pausadamente el dependiente.

- Pues sí, la verdad es que sí ¿Qué modelo es?

- Esta jaula tiene un nombre largo y algo rimbombante, se llama "Jaula del Bienestar, de Derecho y Social".

- Bueno mire, me la quedo, es tan grande... y al ser de cristal mi mascota se verá como libre ¿no?

- Sí, pero no se olvide que por mucho cristal, que por mucho que pueda ver lo que hay a su alrededor, sigue siendo una jaula, y en una jaula estará encerrado.


PD: A día de hoy, pretenden volver a trasladarnos a una de esas viejas jaulas de hierro, porque mantener la jaula de cristal se ha vuelto algo muy caro.


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