lunes, 9 de enero de 2012

La reducción del salario (adelanto)

Lo que hoy os dejo no es precisamente un texto ajeno. Es la respuesta, o mejor dicho, apunte, que hice en el blog de un amigo la semana pasada. Justo cuando leí su entrada estaba realizando un trabajo de economía y redactando esta parte que, obviamente retoqué un poco para contestarle. Para que todos entendáis de que va la historia os dejo el enlace al artículo que publicó Ignacio Elpidio en su blog, Confesiones de un Converso:

Desmontando la Globalización tal y como la conocemos: El empleo (1). Lo que sigue ahora es mi respuesta, que es bastante "extensa", aunque también sarcástica y explicativa.

"¿Qué supone elevar los beneficios? Supone que un elemento que se suele olvidar de la lógica de pensar económica contemporánea, vuelve a la palestra. El beneficio capitalista es la plusvalía, o el trabajo no remunerado al empleado por parte de su empleador, o el trabajo socialmente producido que acaba en un fondo de acumulación privada. La lucha por una parte de la plusvalía mayor o menor es lo que solía venir haciendo el sindicalismo. A mayor parte de la plusvalía en manos de los trabajadores, mejor nivel de vida de estos, y menor el beneficio empresarial recibido. Esto es así porque al empresario le daba (por aquellos entonces, tiempos bíblicos casi que dirían algunos) un poco igual repartir la plusvalía con los trabajadores (o los agentes sociales que los representaban). Llamábanse esos tiempos décadas de los 50 y 60, y el keynesianismo era su religión y Keynes su profeta, el diablo de aquel entonces se apellidaba Hayek. En aquel maravilloso tiempo, el término plusvalía ya se había desechado, y se hablaba siempre del beneficio empresarial, que con una buena política redistributiva repercutía en los cuidados de la sociedad.

Bueno, pero esto se acabó allá por 1973 y una crisis del petróleo que demostró las fallas del modelo keynesiano (aunque los keynesianistas nunca lo admitirán), también llamado gestión del capitalismo. La sobreproducción acudió en la década de los 70 y 80 arrastrando a la socialdemocracia por segunda vez con ella en el descenso a los infiernos (la primera fue al votar a favor de los créditos de guerra en 1914), donde Hayek y Friedman (el profeta) orquestaron sus teorías que se volverían imperantes unos años después, eso sí, un tanto corregidas para poder aplicarse en una realidad que éstos de vez en cuando, obviaban.

Entramos así en el meollo del asunto sobre eso del beneficio; eso de la globalización y el empleo; eso de que se nos lleven las empresas a otros países donde los costes sean menores, o que recorten los salarios para que sea todo “más competitivo”. ¿Por qué hay que aumentar el beneficio? Porque se ha reducido la tasa de ganancia, aunque eso de que se ha reducido la tasa de ganancia en dos décadas (las precedentes) en las que hemos visto un estancamiento de los salarios reales mientras la productividad en países como España se ha quintuplicado… pues no se sabe muy bien de dónde sale. Tal vez de la contracción que supone para el consumo que para que éste se produzca el trabajador se tenga que endeudar hasta las cejas, o lo que es lo mismo, hasta que su nivel de deuda no le permita consumir más, y entonces la economía empiece a desacelerarse y comience a estancarse para lo que todos sabemos que llegará inevitablemente, ¡la recesión! ¿Entonces la tasa de ganancias disminuye, y cómo se recupera la tasa de ganancias (o cómo se aumenta aún más, no olvidemos que hoy nos recordaban que los ricos son un 6% más ricos que hace un año)? Pues bien, la tasa de ganancias aumenta de las siguientes maneras:

1) Se puede dar un aumento de la tasa de explotación o bien aumentando el tiempo de trabajo (subida de las horas a los funcionarios en la Comunidad de Madrid y de los trabajadores del sector privado en Portugal), o bien por el aumento de su productividad (el látigo de siete colas será próximamente restablecido, o lo que es lo mismo, reducir los salarios aumenta la productividad dentro de su lógica ilógica) o bien por la compresión de los salarios por debajo de la tasa de inflación (aumento de impuestos sobre los salarios y recortes a sectores como los funcionarios, todo ello para estimular un consumo perdido) o también por la amputación del salario indirecto también conocido como protección social (privatización de la sanidad, congelación de los planes de pensiones de los funcionarios, etc.).

2) El segundo punto es donde entra la globalización, ya que los mecanismos de dominación imperialista (léase globalización) contribuyen a hacer bajar la composición orgánica del capital por el recurso a trabajo barato (no hace falta recordar los negocios de Steve Jobs con la Foxconn) y por la reducción del coste de producción de una parte del capital constante (todos sabemos que en China o en la India o en cualquier punto del tercer mundo no se cobra mucho por destrozar ecosistemas y pueblos. Véase el ejemplo de la Shell en el delta del Niger y la destrucción del ecosistema del pueblo Ogoni).

Hay más formas, pero éstas son las que interesan teniendo en cuenta que el artículo de Ignacio Elpidio sólo se fija por ahora en el empleo. Es más un complemento y una explicación un poco más sarcástica de la situación. Espero que el autor lo valore."

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