lunes, 26 de diciembre de 2011

Revolución sin dogmatismo


Hace poco alguien me preguntó si creía aún en la revolución. Mi respuesta ante esa pregunta es casi automática, respuesta dada sin pensar en que la persona que tienes delante a lo mejor no es capaz de comprender la seguridad de tu afirmación, y lo que queda muchas veces es un rancio sabor de dogmatismo putrefacto, tan acorde a la situación de la teoría política marxista. Estado en el que se encuentra gracias a los “teóricos” de sus referentes históricos, éstos mal llamados por algún que otro academicista, “socialismo real”. Bien, la respuesta obviamente fue decir que sí.

Claro, una persona que no sepa a qué se puede enfrentar ante alguien que sea tan claro y directo en su respuesta puede pensar que lo que se está encontrando delante es un dogmático de pies a cabeza. Que se responda casi por instinto a esa realidad transformada en dogma por muchos grupúsculos pseudo revolucionarios, asusta. Esos que hacen tanto daño a cualquier pensamiento crítico alternativo al sistema de relaciones capitalista. Ya explique en un post anterior lo que era el papel de la ideología como simplificación de la teoría política (aunque quiero seguir profundizando más adelante en eso). Quien se limita a repetir el discurso ideológico que se forma, y del cual son muchas veces culpables las propias organizaciones políticas y sindicales y su pésima formación de cuadros, acaba convirtiendo un discurso teórico como es el marxismo, rico en matices y contenido complejo y profundo, que necesita un dominio elevado de filosofía, economía, ciencia y literatura entre otras cosas, en una arenga dogmática y demagógica, que triunfa o fracasa gracias a la habilidad del orador de defender con vehemencia sus ideas. Esto no quiere decir, de ningún modo, que haya que ser un erudito intelectualoide de copa y salón para poder considerarse marxista.  No, esa tampoco es la idea que quiero transmitir. Lo que quiero decir es que alguien que utiliza el discurso marxista como guía para su acción política no puede estar parado en lo que a su aspecto formativo se refiere, y así se mata la política ideológica (tan necesario).


Realmente, para muchos trabajadores la formación marxista no se la da la teoría revolucionaria sólo, sino la práctica diaria de ésta. No  hay teoría revolucionaria sin práctica revolucionaria y viceversa, solía repetir un tal Lenin. El problema comienza cuando la teoría es sustituida por arengas panfletarias de bajo contenido, que sólo muestran un razonamiento lógico formal. Es decir, silogismo al más puro estilo “si A, entonces no A no se da”, “si B y no A, entonces Q”. Traducido al panfletario, si capitalista, no se da la negación del capitalista. Si hay revolución y no hay capitalista entonces socialismo. Esta manera de pensar, conocida por lógica formal en mil y un idiomas y dialectos, es la forma de pensar coherente al ser humano. Está claro que si hay un perro, no se va a dar el caso de que no haya perro, porque hay perro ¿o no? Sin embargo, como la ciencia se empeña en demostrar, a pesar de sus científicos, muchas veces nos encontramos ante casos de “A y no A” al mismo tiempo, es decir, somos y no somos al mismo tiempo, respondiendo esa eterna duda shakesperiana. Esto es el materialismo dialéctico del que en alguna entrada posterior ya hablaré, siempre con ejemplos ya que es lo único que ayuda a entenderlo. Los procesos sociales son muy dialecticos ellos, fíjate.

Pero volviendo al tema, que me voy, el dogmatismo. Bueno, ya hemos visto que el dogmatismo es como las meigas, haberlas haylas, y éste por el contrario se suele ver con más frecuencia que ellas. Ahora bien, cualquier discurso irreverente, que no se acopla a la concepción formal del sistema dominante, y sobre todo si tiene algo que ver con un tal Karl Marx, suele ser tachado de dogmático muy fácilmente. Es como un epíteto zahiriente que se lanza para descalificar al rival. Como el de comunista en la época de Marx, o en el periodo de entreguerras. Más  o menos viene a significar estrecho de miras. Por ello hay que andar con cuidado cuando se realizan afirmaciones que vienen a significarte ideológicamente (no confundir ideología aquí con política ideológica, ideología tenemos todos, porque expresar que somos apolíticos o que no tenemos ideología es aceptar tácitamente la ideología de la clase dominante, cuyas ideas son siempre las ideas dominantes de cada época, valga la redundancia).  Las personas que tenemos delante pueden asustarse, y pensar que eres lo que no eres. O a lo mejor se es, por lo que si es así, lo que recomiendo es que se empiece a leer algo más que los clásicos del marxismo o los panfletos que publica la organización en la que militas (leer a los clásicos es productivo, pero poca gente lo hace, la mayoría se queda en el panfleto). Literatura, filosofía, arte, ciencia, economía… no tiene por qué ser todo del ideario que se profesa. La necesidad de leer a los contrarios (ideológicamente hablando) reside en que si tu única fuente de cómo son reside en una crítica que te han dado ya mascada, algo va a ir (y va de hecho) mal. Eso nos llevaría al asunto de los medios de comunicación de masas, y en época de exámenes es bastante peliagudo que me ponga a hablar de ello.

Pero volviendo al comienzo de la entrada. Sí, creo en la revolución. Y los hechos de este año, que serán el post del sábado (conclusiones a este 2011) vendrán a darme algo la razón. La revolución es una necesidad, se producirá creamos en ella o no. Como siempre lo que falta es el factor subjetivo…




PD: si alguien quiere formarse bien, le recomiendo que se dé una vuelta por esta fundación, Fundación de Estudios Socialistas Federico Engels. Es fundamental no leer sólo textos afines, pero es necesario leerlos y dejar los panfletos y los cuentos de “los buenos y los malos”. Ah, y no nos olvidemos, no hay teoría revolucionaria sin práctica revolucionaria.




PPD: qué el “Partido” o la “asamblea” no decidan por ti. Cada uno tiene que ser crítico con todo lo que le rodea, no debemos aceptar “verdades” incuestionables.

“No has querido realizar el acto de sumisión que es el precio de la cordura. Has preferido ser un loco, una minoría de uno solo. Convéncete, Winston; solamente el espíritu disciplinado puede ver la realidad. Crees que la realidad es algo objetivo, externo, que existe por derecho propio. Crees también que la naturaleza de la realidad se demuestra por sí misma. Cuando te engañas a ti mismo pensando que ves algo, das por cierto que todos los demás están viendo lo mismo que tú. Pero te aseguro, Winston, que la realidad no es externa. La realidad existe en la mente humana y en ningún otro sitio. No en la mente individual, que puede cometer errores y que, en todo caso, perece pronto. Sólo la mente del Partido [asamblea], que es colectiva e inmortal, puede captar la realidad. Lo que el Partido [la asamblea] sostiene que es verdad es efectivamente verdad. Es imposible ver la realidad sino a través de los ojos del Partido [la asamblea]. Éste es el hecho que tienes que volver a aprender, Winston. Para ello se necesita un acto de autodestrucción, un esfuerzo de la voluntad. Tienes que humillarte si quieres volverte cuerdo.”

A ver quién sabe de dónde sale este texto. Salud, y nos vemos en las calles.

2 comentarios:

  1. Hey wey, no sabía que tuvieras blog, ya me perderé de vez en cuando!
    Por cierto, 1984, of course.
    ¡Un saludo, y felices fiestas! (por decir algo...)

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  2. Bueno, ya es decir bastante, ¡lo mismo digo Ibai!

    y sí, tengo un blog desde hace poco más de un año, pero hasta este curso no le había dado continuidad y estabilidad.

    Ah, y por supuesto, Orwell.

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