lunes, 12 de diciembre de 2011

Por qué el fomento del consumo no funciona ni funcionará


Como todos sabemos, desde el 2007 la economía de nuestro planeta está sacudida por la crisis más grande jamás vivida. El crack del 29, que tuvo dimensiones inmensas, parece quedar pequeño ante lo que se ve ya como el mayor cataclismo de la economía. Lo que empezó como una desaceleración económica, acabó siendo un estancamiento de la economía, para llegar a convertirse en una recesión y todo pronostica que dentro de poco, si no lo estamos ya, nos hundiremos en una fuerte depresión económica. 

Los mecanismos de internacionalización del capital, es decir, la mundialización o globalización, han producido el efecto de cadena que ha extendido la crisis de los países como Estados Unidos y algunos de Europa a todo el mundo. La compra de bonos basura de los bancos y entidades financieras norteamericanas, infectados por las subprimes, por parte de los bancos de todas las naciones del mundo, ha hecho que el desastre financiero explote mucho más rápido de lo que hubiera podido ocurrir sin una internacionalización tan amplia del capital. Pero la crisis financiera, al igual de la crisis de la deuda que tanto y tanto se habla, no aparecen de la nada, ni explican por sí mismas los sucesos que ocurren en la economía. 

Hace más de siglo y medio, Karl Marx explicó que las crisis del capitalismo son crisis de sobreproducción. Es decir, se produce una sobreabundancia que el mercado limitado, no es capaz de asimilar, la oferta excede a una demanda en retroceso. La mercancía, explicaba el alemán, tiene que completar su ciclo de transformación, es decir, transformarse en dinero y éste a su vez volverse a transformar en mercancía. Para concretar un poco, la mercancía necesita venderse. Si no se vende, no se transforma el dinero, por lo que el capitalista no obtiene ganancia, ganancia de la que salen los salarios de los trabajadores, el pago de las materias primas y de las maquinas y herramientas que intervienen en el proceso productivo, y la fundamental plusvalía, fuente de acumulación de riqueza del sistema capitalista. Aunque ya habrá más post sobre economía marxista teórica y aplicada, hay que explicar un poco más de este proceso para entender el por qué del título de esta entrada, y un poco más aún la situación de la economía actual. 

Cuando la mercancía no se transforma en dinero, cosa que ocurre a menudo, el sistema capitalista tiene una herramienta para “superar” momentáneamente esta situación. El crédito. Lo que se conoce como la expansión del crédito no es otra cosa que aumentar la oferta sin que la anterior mercancía haya terminado su ciclo y por lo tanto, su transformación. Sigue habiendo consumo, porque dentro del crédito concedido una parte va a pagar los salarios de los trabajadores, y por otra parte, el consumo se mantiene debido a los empleados del sector público. 

Pero la crisis actual ha generado una cierta desconfianza en los bancos –hecho que como todo en esta vida, explicaré en otro post sobre economía– y la concesión del crédito a empresas para que sigan produciendo, y a familias para que sigan consumiendo los productos de las empresas, se ha cortado en seco. Con ello podemos hacernos más o menos una visión de cómo está la cosa, y el por qué de la importancia del título de esta entrada, y de la receta acabada de todos los partidos: “vamos a fomentar y estimular el consumo”. 

¿De dónde sale el consumo? O más bien ¿qué es el consumo? Bueno, esto no parece muy difícil. El consumo consiste en demandar la oferta que produce el sistema, y pagar por ella con dinero. El consumo normal, sale principalmente de los bolsillos de los trabajadores, que así obtienen parte (mínima) del trabajo que han realizado. Ejemplo de esto, un trabajador de la fábrica de SEAT, como mucho se va a comprar un coche, y cada muchos años, mientras que producirá con su fuerza de trabajo, muchos más coches de los que podrán consumir en toda su vida él, y todos sus compañeros. El consumo de los productos es lo que en teoría produce la riqueza del capitalista. O al menos así debía ser en el capitalismo clásico y en el teórico. Lo cierto a día de hoy es que buena parte del dinero que ingresan empresarios e inversores, que suelen ser la misma persona, viene de la especulación financiera, de la fórmula mágica que todo capitalista lleva intentando reproducir desde hace años D = D. Dinero que produce más Dinero, sin tener que pasar por el proceso productivo. Pero eso es la economía financiera, que últimamente andaba algo despistada de lo que su compañera, la economía real, hacía en su particular crisis de sobreproducción. 

Volvamos al tema, el consumo. El consumo es necesario porque así se materializa la transformación de la mercancía en dinero, lo que permite al capitalista pagar los salarios (con los que los trabajadores siguen consumiendo y amplían su nivel de vida). Tenemos un problema cuando, como ha ocurrido en el último boom de la economía capitalista, el precio de vida de los trabajadores sube, la productividad de los mismos sube, pero sus salarios se estancan. Ese es por ejemplo, como señalaba Vicenç Navarro hace poco, el éxito arrollador de la economía alemana. 10 años sin tocar los salarios. Eso trae también un problema, porque todo esto hace que al no subir el nivel de ingresos, pero sí que suba el precio de los productos, las familias se vean obligadas a recurrir al crédito (es decir, a endeudarse). 

Este endeudamiento de las familias, mientras hubo un periodo de amplio crecimiento económico, no supuso realmente un problema para los partidos en el poder, que veían como la economía crecía y crecía gracias al ladrillazo. Para los capitalistas obviamente tampoco, que veían como sus ingresos crecían y crecían y se podían dedicar (aunque ahora también lo hacen sin muchos reparos) a especular. Sólo las familias veían con cierta preocupación que su salario era cada vez más pequeño, y la hipoteca cada vez más grande (hasta 50 años, hipotecado el padre, el hijo y espíritu san… digo el nieto). 

Y ¡¡BOOOOOOM!! o mejor dicho ¡¡CRACK!! La burbuja estalló, empezó la crisis y empezaron los despidos por lo que el consumo empezó a retraerse, la oferta supera a la demanda y ¡tachán! sobreproducción. Y ahora hay que estimular el consumo a toda costa, porque si algo es bien sabido, es que si la economía real no funciona, aquí no marcha nada. 

Ahora bien, el consumo se puede aumentar de dos formas. Y es en estas dos formas donde está el quid de nuestra querida cuestión, lo que da título a la entrada. La primera fórmula es subiendo los salarios. Si los salarios suben y por ende sube el poder adquisitivo de las familias, el consumo se reactiva. La teoría es perfecta y bonita, pero ¿de dónde sale la subida de los salarios? Obviamente del bolsillo del empresario de turno, que tiene dos opciones, la poco factible –por no decir irrealizable e irrisoria– de reducir sus beneficios y subir con ello los salarios, que teniendo en cuenta que el principal objetivo del capitalista es amplificar beneficios todo lo que pueda, no parece, como ya he dicho factible. O, la otra opción es reducir la inversión en pos de incrementar el salario, con lo que entramos en una espiral de pescadilla que se muerde la cola, ya que si se reduce la inversión se crean menos puestos de trabajo, e incluso se destruyen más, por lo que tenemos que hay una reducción al final de la demanda, y por tanto del consumo. 

Es decir, el sector privado no va a incrementar los salarios, en todo caso va a aceptar eso que el BCE acordó con España por la compra de deuda, microtrabajos. Que traen consigo microsalarios, que van a ir destinados en la mayoría de los hogares a pagar una macrodeuda. Por lo que si por un lado hay microsalario, y por el otro hay macrodeuda, lo que queda en medio es un estancamiento, cuando no retraimiento, del consumo. 

Algunos economistas afines a la socialdemocracia clásica, con los que un servidor comparte algún que otro punto de vista, y que suelen acertar en sus análisis, fallan estrepitosamente en este del consumo. Innegable es la necesidad de que haya consumo en una economía, y más en una economía de mercado que basa su desarrollo en él. Pero los postulados de estos economistas y politólogos como es el caso de Vicenç Navarro o Alberto Garzón asumen que una inversión del sector público, es decir, del Estado, en obra pública (que fomenta el empleo) o en subir el salario de los funcionarios (que estimula la demanda y consumo por parte de este sector) traerá un resurgir del consumo, y por tanto una reactivación del consumo. Se basan para alegar esto en las políticas del New Deal de Roosvelt, en el keynesianismo, pero se olvidan con bastante frecuencia de un par de hechos que merece la pena recordar. El primero, es que el New Deal que empieza a aplicarse en 1933, no logra reactivar una economía decrépita como la estadounidense, que en 1937 vuelve a entrar en crisis. Y segundo, si el keynesianismo triunfó después de la Segunda Guerra Mundial fue precisamente gracias a las consecuencias que ésta dejó como herencia a las sociedades europeas. La fuerte destrucción del continente europeo, el desarrollo de una industria fuerte en EEUU, claro vencedor de la Segunda Guerra Mundial, en definitiva, la destrucción sin igual de fuerzas productivas de una forma jamás antes vista y la posición hegemónica de una potencia que ya tenía industria para producir, y un solar donde colocar el producto. Lo que Marx explicó. 

En definitiva, el Estado tiene una forma de aumentar la inversión pública para “reactivar” la economía. Hacer una inversión directa, lo que equivale a aumentar la deuda pública, que es contra lo que se lucha fervientemente. Hay que recordar que esta deuda pública, es de tamaña dimensión precisamente por la ayuda que aportó el Estado a los bancos hace ya un par de años. Para ser exactos el 15% del PIB de este país, unos 150.000 millones de euros. Para evitar un endeudamiento mayor, ¿qué hacer? El problema de este país también reside en que los ingresos del Estado provienen en su mayoría de las rentas del trabajo, y no de las del capital. En cristiano equivale a decir que aquí paga Manuel el de la fábrica de coches, y Amancio Ortega se lleva la subvención y se libra de pagar impuestos. La solución que prevén profesores como Navarro, es aumentar los impuestos sobre las rentas del capital y crear así un Estado redistributivo. Ese es el utopismo del reformismo. Cuando a los capitalistas les va bien, no les importa demasiado ceder un poco de su cuota de beneficios para incrementar los derechos y prestaciones sociales etc., pero si hay periodo de crisis, pensar que los empresarios van a aceptar que se esquilme sus beneficios, es utópico. Los defenderán con uñas y dientes, como ha ocurrido en Grecia o en Italia, donde la democracia ya se ha suspendido si no formalmente, si de manera efectiva. 

La solución a esto, obviamente hay que reactivar el consumo, pero las alternativas que se proponen para ello no funcionan ni funcionarán. La solución que ve un marxista es la necesaria nacionalización de empresas clave en sectores como telecomunicaciones, energía o transporte, poniéndolas al servicio de la sociedad bajo control democrático de los trabajadores. Eso si reactivaría la economía. Pero como todo, ya se explicará en otro post. Salud y como siempre, nos vemos en las calles.




PD: si alguien desea profundizar más en el tema de la crisis, aparte de una serie de libros magnificos como “Pirómanos apagando un fuego” de Juan Ignacio Ramos, o la “catástrofe perfecta” de Ignacio Ramonet, recomiendo este artículo de Jordi Rosich publicado en el periódico obrero El Militante en octubre de este año.

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