viernes, 23 de diciembre de 2011

Fundamentalismos en occidente



Hace apenas dos semanas Rick Perry, candidato a las primarias republicanas para la presidencia del gobierno norteamericano, grababa el video que se sitúa sobre éstas líneas. En él Perry se pregunta cómo es posible que en su país los gays puedan servir en el ejército y los niños no puedan celebrar la navidad o rezar en sus escuelas. 

La realidad norteamericana es bastante compleja. En un país donde sólo un 16% de sus habitantes (que son más de 300 millones) se declara no creyente, y de ellos sólo un 1% se declara ateo, el papel de la religión es bastante importante. Las diferentes congregaciones religiosas en los Estados Unidos gozan de buena cobertura por una Constitución que pone un especial énfasis en el libre derecho a procesar la fe que uno guste. Sin embargo su impacto sobre las entidades públicas también está muy reglamentado. Además de que no nos podemos olvidar de su “in God we trust” plasmado en toda la masa monetaria de los EEUU. Pero bueno, el fervor religioso de los ciudadanos norteamericanos no es lo que me preocupa explicar en esta entrada. Eso se puede dejar para más adelante o podemos dejarlo en el cajón de expedientes sin resolución. 

Lo que me interesa es que se preste atención (si es que no se ha visto el vídeo antes) a la grabación de Perry, a lo que plantea y cómo lo plantea. A simple vista el video trae sólo un mensaje completamente homófobo que hace pensar que esa vieja ley “Don’t Ask, Don’t Tell” con su llegada al poder no sólo va a volver a estar vigente, sino que va a recuperar su máximo explendor, condenando a miles de soldados homosexuales del ejército estadounidense al ostracismo más absoluto. Pero aparte de este mensaje apreciable muy a simple vista hay tres elementos más que merece la pena resaltar del discurso del americano. El primero es sin duda la comparativa que hace con el servicio militar de los homosexuales con el no poder rezar de los niños en las escuelas. El segundo es la declaración tajante de que Obama ha declarado la guerra (casi sin cuartel según él) a la religión. El tercero y último, su mensaje rotundo de que la fe hizo grande a América y que lo volverá a hacer. Aunque hay muchos más, me quedo con estos tres gestos que me permiten introducirnos en el conflicto del fundamentalismo religioso. 

Cuando alguien pronuncia la palabra “fundamentalismo” nuestro cerebro tiene activado un mecanismo instantáneo que nos hace irnos a países como Afganistán y ahora también Egipto o Libia. Y cómo no, inmediatamente terminamos el concepto con el adjetivo “islamista”. Los grandes medios de comunicación y la educación recibida desde que somos niños ha sido bien estructurada para que temblemos ante este hecho, para que nos sintamos incómodos y pensemos que realmente ese es el único fundamentalismo religioso que existe. El miedo de oriente por occidente, el choque inevitable de dos civilizaciones, una anclada en el pasado y en la barbarie religiosa y otra que avanza con fuerza hacia el progreso (póngase tono irónico al leer esto por favor). 

¿Pero es ese el único fundamentalismo religioso existente? ¿Por qué tanto miedo a la sociedad árabe en particular y a la musulmana en general? 

Unos datos simples: más del 50% de la sociedad árabe se declara musulmana no practicante o atea. Luego entre un 30 y un 40% se declaran musulmanes practicantes, es decir, van a la mezquita y siguen en su vida privada las enseñanzas del Corán, como hacen los cristianos de muchos países occidentales. Sólo un 10% de la sociedad musulmana se considera islamista, o lo que es lo mismo, musulmán religioso militante, y de ese 10%, sólo un 1 o 2% islamistas radicales (los que ponen bombas vamos). Con esto hay que añadir que la aplicación del Corán como cuerpo legislativo completo es una afirmación falaz que demuestra miedo y desconocimiento de la cultura de estos países. El Corán es un código de buena conducta, la norma recta que las leyes deben seguir para que los musulmanes puedan obrar en su vida privada y en su vida pública con arreglo a su religión. Pero realmente la mayoría de las normas que se promulgan en los países árabes son normas occidentales que sufren un proceso de adaptación a la lógica de una sociedad religiosa diferente a la cristiana. Si esto no se cree, obsérvese por ejemplo qué partido gobierna Alemania a día de hoy, o España. Nadie diría que el Partido Demócrata-cristiano de la señora Merkel es fundamentalista, sin embargo en su catadura moral impregna con la lógica religiosa todas las normas que hace. El Partido Popular en España es un caso aún más claro, y lo veremos en breve con la Ley de interrupción involuntaria del embarazo o la ley de matrimonios entre personas del mismo sexo (aunque a mí me da que ésta última no la tocan). Aún así, estos dos partidos no son fundamentalistas religiosos en el sentido que le damos a este concepto. 

¿Pero qué es el fundamentalismo religioso? El fundamentalismo religioso es una ideología moderna que consiste precisamente en transformar la religión en una guía para la acción política. Dentro de esta definición entran muchas cosas ¿eh? Veamos ahora una comparación un tanto brusca. Los Hermanos Musulmanes en Egipto, a los que se vende como fundamentalistas peligrosos (que lo son), no son más que un partido de corte musulmán, pero que asume la democracia como elemento para llegar al poder desde el cual legislar de acuerdo con los principios de la fe islámica. Esto lo que quiere decir es que ellos ven que la prosperidad de una vida está en un apego mayor a la religión, o a enseñanzas morales de la religión, y es lo que intentan llevar a cabo desde el poder del Estado. Obviamente, esto es muy relativo. Los gobiernos fundamentalistas han llevado a cabo muchas privatizaciones que han empeorado la vida de las masas árabes y musulmanes, al igual que legislaciones recortadoras de derechos sociales, en especial los de las mujeres y homosexuales. 

Pero ahora bien, y volviendo al tema ¿es Rick Perry mejor que éstos? Los fundamentalistas islamistas tienen un mensaje muy claro, y es que el desapego de la tradición musulmana durante la colonización, el proceso modernizador occidentalizado han provocado una guerra contra la religión (!) que ha alejado a los países árabes y musulmanes de su grandeza. Pero la vuelta a la fe, concluyen estos grupos, puede volver a hacerles grandes (!). ¿A nadie le suena este mensaje? 

Efectivamente, Rick Perry y los Hermanos Musulmanes comparten un discurso muy parecido, y los que argumentan que “bueno, el discurso es una cosa pero las políticas son otra”, recordarles lo expuesto antes. Una cosa es aplicar la Biblia o el Corán, que no lo hace nadie, y otra diferente es inyectar de moralina cristiana o musulmana las leyes seculares. Ahí es donde nos encontramos. Ambos son fundamentalistas religiosos, de mayor o menor grado, ambos igual de peligrosos. 

Sobre el papel de la religión ya hablaremos más adelante, sólo decir que comparto bastante una cita del genio alemán que dice: “La miseria religiosa es, por una parte, la expresión de la miseria real y, por la otra, la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, así como el espíritu carente de espíritu. Es el opio del pueblo.”

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