viernes, 2 de diciembre de 2011

El Pueblo Ogoni


<<Los ogoni del delta del Níger son un típico pueblo de ecosistema. La multinacional Shell que explota el petróleo de su subsuelo es uno de aquellos tentáculos que acaparan los recursos de la biosfera. Dentro de la pobreza material que caracteriza a los que viven de su ecosistema, los ogoni eran un pueblo un poco afortunado. La pesca y los suelos del delta del Níger les aseguraban un sustento holgado, hasta que la Shell lo perforó por todas partes para extraer petróleo. Sin pedir permiso ni pagarles nada, tratando sólo con el gobierno dictatorial de turno, en la forma chapucera y prepotente que caracteriza el código de conducta de las multinacionales ante los pueblos ecosistema.

Las fugas, los vertidos y los incendios contaminaron la región, arruinaron a muchos campos y redujeron los bancos de pesca. El hambre y las privaciones materiales crecientes vinieron de la mano del deterioro ambiental. Ken Saro-Wiwa era un escritor africano reconocido mundialmente, nacido de los ogoni. Puso su pluma y su fama al servicio del movimiento por la supervivencia de su pueblo. Para este movimiento las cosas están claras. Luchar por su ecosistema es luchar por sobrevivir. Para sobrevivir como pueblo, material y culturalmente, necesitan salvar su ecosistema deltaico. Sus enemigos son la Shell y el gobierno. Como Chico Mendes y los seringuerios del Amazonas, su única arma era la no-violencia: esa fuerza de los débiles que Gandhi había utilizado para lograr la independencia de la India. Con otras no tendrían posibilidad alguna frente a un enemigo armado hasta los dientes. “Si matan a veinte, saldremos cuarenta”, repetía Ken Saro-Wiwa en sus mítines.

La espiral acción-represión se agudizo a medida que la coz de Saro-Wiwa u el Movimiento por la Supervivencia del Pueblo Ogoni llegaba a foros internacionales, como las celebraciones de la década de los pueblos indígenas organizada por Naciones Unidas. Los informes internos de la Shell alertaban a su sede central en Londres del peligro de esa voz, y recomendaban seguir todos los pasos de Saro-Wiwa. Mientras tanto, el ejército empezó a organizar matanzas ejemplares cada vez más sanguinarias. Asaltaba pacíficos poblados con armamento pesado. Asesinaba y mutilaba a todos los que no conseguían huir. Luego, para dejar las cosas claras, derruía e incendiaba todas las casas y talaba los árboles frutales. También la dictadura militar nigeriana sabe que la supervivencia del pueblo ogoni y su ecosistema son dos caras de lo mismo. Luego, los asesores militares del dictador le sugirieron una vía más directa para librarse de Saro-Wiwa. Camuflaron de un supuesto enfrentamiento tribal que nunca ha existido en la región las acciones de represalia del ejército sobre los poblados. Asesinaron a varios dirigentes ogoni. Y en una farsa de juico declararon culpables de esos asesinatos a Saro-Wiwa y otros ocho líderes del Movimiento por la Supervivencia del Pueblo Ogoni. Pese a las peticiones de clemencia de todo el mundo – incluidas las lágrimas de cocodrilo de la Shell –, el dictador los ahorcó en noviembre de 1995.

Ken Saro-Wiwa ha sido el Chico Mendes del delta del Níger. A la próxima víctima del ecologismo de los pobres de la Tierra le llamaremos el Ken saro-Wiwa de otra parte.>>

Enric Tello, “Ecopacifismo”, en Ideologías y Movimientos Políticos Contemporáneos. Pág. 455-56.

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