lunes, 21 de noviembre de 2011

Un fantasma recorre España…

…, el fantasma del pasado que se creía superado. Ayer, 20 de Noviembre de 2011, los españoles de a pié estaban llamados a urnas. En juego la presidencia formal del Estado español (porque la material hace mucho tiempo que la reclamaron Botín y Cía. para ellos solos). En el aire la sensación de descrédito que recorre el país de plaza en plaza y de calle en calle; el grito de “lo llaman democracia y no lo es”; la rabia que sube por la espina dorsal, que hace que aumente tu adrenalina y que te fuerza irremediablemente, como si una fuerza invisible tirase de uno, a pisar de nuevo las calles. La indignación, haciendo uso una vez más de ya tan afamada palabra.

Ayer 20 de Noviembre de 2011, después de siete años de gobierno del PSOE, después de tres años de crisis económica, después de dos años de traiciones del ejecutivo de Zapatero, después de un año de turbulencias sociales y estallidos sin igual en todas las partes del mundo, ayer, después de todo ello, ganó el juego electoral el Partido Popular.

No quiero hacer un análisis serio de lo que eso va a suponer, tanto política como económicamente. No, hoy sólo diré…

Veré como caen uno a uno mis derechos. Asistiré impasible a la frustración obligada de todas mis aspiraciones. Mis sueños se quedarán en sueños, cuando no cambien su envoltura y se vuelvan pesadillas. Llorarán sobre mi hombro los amigos que no pueden, los que todo lo han perdido, los que vuelven a ser ciudadanos de segunda, teniendo en su pecho corazones de primera. Y junto a ellos lloraré. Lloraré lágrimas de rabia, indignación y odio. Y nunca, NUNCA, dejaré de luchar. Me detendrán y apalearán; me insultarán con palabras, gestos y acciones; me coaccionarán y me expulsarán de donde siempre he estado, de la seguridad de los lugares a los que he llamado “hogar”. Caeré y levantaré. Volveré a caer y volveré por tanto a levantar. Nadie me parará, porque como dijo Guevara un revolucionario no dimite, sólo lo para una bala. Sé que junto a mí estarán mis compañeros, que en mayor o en menor medida compartirán todas y cada una de mis penurias. Lucharemos, no dejaremos de luchar, y no olvidaremos nuestros sueños y esperanzas, aunque se empeñen en destruirlos. Nos vemos en las calles.

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