domingo, 16 de octubre de 2011

Yo pisaré las calles nuevamente...


Ahí estábamos, no llegaban a las cinco de la tarde por apenas 15 minutos, y ya nos encontrábamos sentados delante del edificio de Correos. Hacíamos bromas y hablábamos mientras esperábamos al resto de compañeros. Tranquilo pensaba en qué depararía la tarde, intentando recordar lo que el televisor había rugido brevemente y como “sin importancia” sobre el resto de las manifestaciones que se sucedían en el mundo. Desde Tokio hasta Santiago de Chile, Atenas, Bruselas y así hasta en 900 ciudades más se han sucedido manifestaciones con mayor o menor éxito, por lo que se lee ahora en la prensa.

Pero a las cinco y media de la tarde, con miles de personas llegando a la plaza de Cibeles, esos datos eran completamente desconocidos. Sólo podía pensar entonces en que estaba en el centro de algo grande, algo que volvería a sacudir como aquella noche del 20 de mayo en la que, sentados en la plaza de Sol, más de 150.000 personas desafiaron el toque de queda de la jornada de reflexión cuando dieron las doce de la noche; y qué decir de aquel 21 de mayo en el que la plaza fue un hervidero de ciudadanos “reflexionando” en la calle. No he podido en toda la tarde apartar aquel recuerdo maravilloso de mi mente. El día de hoy tampoco podré olvidarlo.

A las 18:00 miles  y miles de personas se agolpaban en Cibeles, y la manifestación comenzaba. Me movía con mis compañeros de aquí para allá, hablando con la gente sobre los problemas en la educación, pidiéndoles apoyo económico para mi organización que tan involucrada está en la lucha que llevamos a cabo profesores y estudiantes contra los recortes educativos. Un ambiente en el que se mezclan caras de tristeza (las que menos), ambiente de fiesta y relajado (por algún que otro sector), y un aire combativo que llenaba los pulmones de quien escribe estas líneas. Ese, obviamente era el mayoritario.

No paraba quieto, gente que te pedía el panfleto, que te daba dinero, que discutía contigo sobre cuándo y cómo era mejor convocar a los estudiantes, gente que te comprendía, gente que no. Gente y más gente, y cientos, y miles y centenares de miles se abarrotaban y marchaban “indignados” en dirección a la plaza de Sol. Ante inmensa multitud uno sólo se puede sentir átomo integrado en un cuerpo cada vez más fuerte. Va a ser verdad eso que no me canso de repetir de que el “todo es mayor que la suma de sus partes”. Y se acabaron en uno de estos momentos de devaneos mentales los panfletos. Entonces ya no nos quedaba otra que ser un manifestante más.

Al llegar a la calle Alcalá, altura metro Sevilla (que alguien denominó en una quedada “ese, el de la línea ROJA”) varias personas hacían esfuerzos para pedir a la gente que se desviara e intentase entrar a Sol por los accesos desde la Gran Vía. Aparte de que hubiese quedado con el resto de mis compañeros en el CajaMadrid que hace esquina con Sol desde la calle Alcalá, el impulso que sentía era el de ir por aquel camino que se tornaba imposible. Así lo hice, arrastrando a mis compañeros conmigo. Más de una vez mientras bajábamos nos quedamos atorados entre la multitud que rabiosa gritaba “Esperanza dimisión” y el clásico “que no nos representan”. Pero al fin llegamos a Sol. Increíble, será por la de veces que me he encontrado en esa plaza, ya sea para ir a comprar, quedar con algún amigo, o ir a pasear por la zona, pero ha sido entrar de esa manera, poner los pies en la plaza así, y sentir la adrenalina subiendo de nuevo, volviendo a aquellos días de mayo. Y con el mismo panorama negro negruzco en la política oficial de arrase del PP.  Se acabó la manifestación. Lamentándolo mucho mi destrozado cuerpo no me ha dejado quedarme a las asambleas.

Hablando con algún que otro compañero de los que hemos estado dando vueltas por aquel gentío, nos comentábamos “¿cuánta gente?”, “yo diría que quinientos mil o más”, “la izquierda está en la calle”, “y luego dirán que somos cinco o seis (risas)”. Otra vez el pueblo despierta, o quizá esta vez no se había quedado dormido. Sea como sea, como cantó Pablo Milanes, yo pisaré las calles nuevamente…

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