martes, 18 de octubre de 2011

UNIDAD Y APOYO MUTUO


<<MINERO I. – ¿Te ocurre algo? ¿Puedo hacer algo por ti, muchacho? (un silencio)

PABLO. – (gravemente) Claro que me ocurre. Y a ustedes debería ocurrirles también. Pero veo que están muy tranquilos. (Va, un poco vacilante, al centro de la taberna y grita a todos los mineros inmóviles) ¡Ya veo que están tranquilos!

(Los mineros no se mueven, alguno mueve la cabeza pacíficamente hacia él)

MINERO I. – Pero muchacho… (Trata de sujetarlo) ¿Qué te ocurre?

PABLO. – (se suelta.) ¡Déjame! ¡Déjame! (grita terriblemente como escupiendo a todos.) ¡Ya veo que están tranquilos! ¡Están ahí, tranquilos! No se mueven. No hablan. No tienen nada que decir. ¡Como si no pasara nada! Y esta noche dormirán. Y mañana irán al trabajo como siempre. ¿A eso habéis llegado?

MINERO I. – Cállate, muchacho. Has bebido mucho.

PABLO. – Que he bebido mucho. ¿Eso es lo que se te ocurre decir?


(Un viejo se ha levantado y se acerca a Pablo.)


EL VIEJO. – Vamos. Hable usted.


PABLO. – ¿Eh?


EL VIEJO. – ¿Qué quiere usted decir? Usted tiene algo que decir. Vamos. Dígalo.


PABLO. – Sí. Tengo algo que decir.


EL VIEJO. – Yo le estoy escuchando.


PABLO. – (Se pasa la mano por la frente. Se ha tranquilizado.) Gracias. Quería hablar con alguien.


EL VIEJO. – Conmigo. Hable conmigo.


PABLO. – ¿Conoce al señor Pedro?


EL VIEJO. – Sí.


PABLO. – Mañana, al amanecer, tiene que abandonar su casa.


EL VIEJO. – Ya lo sé.


PABLO. – Es injusto.


EL VIEJO. – Es algo peor. Es criminal. Siga.


PABLO. – Habría que hacer algo.


EL VIEJO. – Eso lo hemos dicho todos alguna vez. Pero ¿el qué? ¿Qué habría que hacer? Eso no hemos 
sabido decirlo nunca. ¿Usted sabe lo que hay que hacer?


PABLO. – Cuando he gritado, lo que quería era decirles a todos: ¿Vais a dejar marchar al viejo Pedro sin una protesta?


EL VIEJO. – Pero no lo ha dicho. Se ha limitado a insultarles. A insultarnos.


PABLO. – (Baja la cabeza.) Pero yo lo que quería decirles era: ¿Vais a dejar marchar al viejo Pedro sin una protesta?


EL VIEJO. – Ellos hubieran contestado: “¿Y qué vamos a hacer? Tu también te acostumbrarás a dejar que los viejos se marchen sin una protesta. Hasta ahora todas las protestas han sido inútiles.” Eso te hubieran contestado.


PABLO. – Ayer estaba extrañado de que los amigos del señor del señor Pedro se reunieran con él a beber unos vasos de vino y que el señor Pedro gastara parte de su última paga en una especie de fiesta.


EL VIEJO. – Tu también lo harás.


PABLO. – ¿Yo?


EL VIEJO. – Sí. Tu también lo harás. Eso te habrían dicho todos los compañeros. Yo mismo no podría decir otra cosa.


PABLO. – Me estoy dando cuenta de algo.


EL VIEJO. – ¿De qué?


PABLO. – De que ya no son ustedes capaces de reaccionar ante una injusticia.


[…]


PABLO. – Tengo un plan. (Se han acercado otros. El círculo se estrecha.) Habría que empezar a actuar mañana al amanecer.


EL VIEJO. – Siga. Al oírle he sentido como un pequeño escalofrío. Su voz ha sonado rara, como de otro mundo. ¿Usted tiene un plan?


PABLO. – Nos plantamos en la puerta del señor Pedro y el señor Pedro no se marcha.


(Rumores. Como un escalofrío general.)


EL VIEJO. – Silencio. (Baja la voz.) ¿Se da cuenta de lo que dice?


PABLO. – Sí. Lo he pensado bien.


EL VIEJO. – Usted dice impedir que Pedro se marche.


PABLO. – impedir que alguien lo eche de su casa.


EL VIEJO. – ¿A la fuerza?


PABLO. – A la fuerza.


EL VIEJO. – No tenemos armas.


PABLO. – Picos y palas.


EL VIEJO. – A esas horas ya hay un turno de trabajo.


PABLO. – El mío. Yo no voy mañana al trabajo.


EL VIEJO. – ¡Huelga!


PABLO. – Sí. Los que sean capaces que vengan con nosotros. (Un silencio)


EL VIEJO. – Yo estoy solo en el mundo. Yo voy.


UNO. – (Se levanta.) Yo voy.


UNA MUJER. (Se levanta.) Yo voy.


MINERO I. – Pedro es mi mejor amigo. Yo voy. (Tres que hay en una mesa, se levantan.)


PABLO. – ¿Vosotros también?


UNO DE ELLOS. – Sí.


OTROS. – (De otra mesa se levantan.) Nosotros también.


PABLO. – Mañana, al amanecer, en la casa del señor Pedro. Esta noche iré yo a decirle lo que pasa. Y 
ahora tomemos unos vasos… Hay que celebrarlo… Luis, vino para todos…


LUIS. – (Que ha seguido toda la escena en silencio, dice simplemente:) Invita la casa, señores…>>

Tierra Roja, Alfonso Sastre, 1954. Segundo cuadro, páginas 36-41. 

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