lunes, 19 de septiembre de 2011

LA IDEOLOGÍA Y SU PAPEL EN LA SOCIEDAD ACTUAL

Cuando en 1796 Destutt de Tracy acuñó el término “ideología” lo hacía pensando en un estudio científico del campo de las ideas que mueven a los hombres. No tardó mucho Napoleón Bonaparte en darle el sentido despectivo al término, y barrer cualquier atisbo de la intención de aquel ilustrado francés.

Medio siglo después, dos alemanes muy “listillos”, darían al concepto de ideología su significado hegemónico actual, Karl Marx y Friedrich Engels. En “la Ideología Alemana” los padres del socialismo científico arremeten contra los ideólogos alemanes de su época, contra los Feuerbach, Bauer y Stirner. En este libro Marx y Engels explican por primera vez su teoría sobre la ideología afirmando que esta es “falsa conciencia”. Esta afirmación trajo y trae de cabeza a miles de académicos que entran en colapso ante la explicación de que la ideología no es más que la forma de sostener el  mundo que tiene la clase en ese momento dominante. La ideología sería la antítesis de la ciencia, sería un cúmulo de pensamientos cuya intención no sería más que ocultar la realidad, amoldarla a las necesidades de la clase dominante de cada momento. Así como bien dicen los pensadores alemanes, la clase que ostenta el poder económico, ostenta también el poder ideológico, y así garantiza que su sistema se sostiene, crea la mentira de que su mundo es el único realmente posible.

En el periodo de entre guerras otro pensador italiano marxista modificó el concepto. Gramsci nos vincula la ideología al concepto de “hegemonía”. Con ello completa aún más el modo de ver las ideologías que expone el marxismo. Si bien una clase dominante debe tener el control de la economía, la lucha de clases no sólo se juega en ese campo. Gramsci lo alarga también al de la intelectualidad. Con esto viene a decir que quien mantiene el control intelectual, o lo que es lo mismo, la producción literaria, musical, dramática y artística en toda su expresión, mantiene también el control ideológico y por tanto el poder sobre la sociedad. Unido a lo que decían Marx  y Engels esto nos da que ostentar el poder económico da pié a poder mantener el control sobre las artes, parte de necesario control de la superestructura, como dice la teoría marxista.

Por ello, durante el siglo XX, siglo considerado como el de mayor enfrentamiento ideológico, los partidos comunistas de todos los países se lanzaron a la producción intelectual, para intentar ganar la partida en el campo de las artes al capital. Si bien gracias a esto se olvidaron de que las revoluciones no son hijas del pensamiento (aunque éste las guíe), sino que son hijas de los estómagos hambrientos en busca de pan, ya que para  pensar el estómago debe estar servido. Los partidos comunistas en muchos países se olvidaron de los obreros y cayeron uno tras otro en la autocomplacencia y en la crítica a la clase obrera como “aburguesada”. Sobre esto podríamos decir mucho, pero me remito a la frase antes mencionada y a lo que ya en su día escribieron Karl Marx y friedrich Engels, el trabajador alienado, tras una jornada de trabajo intenso del que quiere escapar, es más receptivo al “circo” que ofrece el capitalismo, que a la lectura de tediosos ensayos sobre la situación ya no sólo de la clase obrera, sino de todo lo descubierto bajo el sol, y alguna más. Y así los académicos “marxistas” renegaron de la clase obrera y, unos empezaron a tratarla como si de una manada de ganado se tratara y ellos fueran los buenos pastores (estilo despotismo ilustrado), y otros se sentaron en sus despachos, donde siguieron escribiendo sobre todos los asuntos bajo el sol y algunos más, sin participar de los movimientos sociales y sin dar ninguna pauta para la movilización. El sistema llamó a estos últimos, profesores universitarios.

Al centrarse en la producción intelectual sin más, rápidamente muchos de estos partidos comunistas cayeron en la propia concepción marxista de lo que es la ideología. Transformaron al marxismo moderno en marxismo vulgar, en simple ideología para sostener la realidad (de la burocracia estalinista) que se había formado con la URSS, la República Popular China y demás países satélites. El método de estudio marxista, científico en su esencia y en su forma, quedó desvirtuado y desgastado por miles y miles de analistas incompetentes, que en su falta de conocimiento del método de Marx y Engels, lo aplicaron mal y dejaron a los ideólogos burgueses el camino allanado para su crítica.

Y así llegamos al centro de este breve artículo, la tercera forma de entender la ideología. Ya en su propio nombre nos da una pista de por dónde irán los tiros. El concepto conservador de ideología defiende que ésta no se desprende de la política, que es un pensamiento político abstracto (y por lo tanto ideal) que se transforma en programa político e intenta realizarse. Los “ideólogos” de este concepto critican que de las dos ideologías en pugna durante el siglo XX, una de ellas no atendía a la realidad, y buscaba construir algo nuevo sin más (el comunismo) y que la otra desatendía la realidad (el capitalismo) y por ello surgían los conflictos. Autores como Hanna Arendt o Michael Oakeshott, lanzaban críticas contra el pensamiento marxista, considerándolo simple ideología en su concepción del término, e igualándolo al otro pensamiento ideológico extremo, los fascismos.

Para estos pensadores y para sus seguidores (cabe recordar que Arendt es considerada como progresista y Oakeshott como conservador, por lo tanto hay un amplio abanico de seguidores) sólo la gestión del conflicto es verdadera política. La pugna, la lucha sin cuartel por quien tiene la “verdad” no es más que ideología. Y para ellos la gestión del conflicto únicamente se puede resolver en democracia. Oakeshott llega más lejos y echa las culpas de los males del mundo a los “primeros ideólogos”, y critica la Revolución Francesa porque puso a inexpertos a dirigir la “gestión del conflicto”, y entonces no se respeto la tradición, se rompió con el antiguo régimen y desde entonces pues nada, aquí cada uno como quiere. ¿Consideraría Oakeshott y consortes a Burke como ideólogo? Este tema de la crítica a la revolución francesa lo trataré en otro momento, ya que es bastante interesante.

Ahora bien, Arendt y Oakeshott, cada uno como exponente de un tipo de visión coinciden ambos en que sólo en democracia se puede hacer una gestión correcta del conflicto. Y que este conflicto no puede ser arreglado con programas mágicos que sólo confrontarían, sino que se tiene que basar en la experiencia cotidiana, que es de lo que se olvidan los ideólogos. Ahora bien, este argumento se puede volver contra ellos, y así le pasó a la propia Arendt, que acabó recibiendo críticas severas por olvidarse de la cuestión social en múltiples ocasiones. ¿Es la democracia en abstracto una construcción real? ¿Es el parlamentarismo actual una forma de gestionar el conflicto? La respuesta a estas preguntas puede sumir a los autores modernos que rechazan los pensamientos que consideran totalitarios, en dudas, de las cuales saldrán con gran pomposidad y respuestas vacuas. Pero observando la realidad, haciendo gala de esa experiencia cotidiana observamos que, el parlamentarismo actual está más lejos de los problemas reales que cualquier otra construcción ideal, y que la democracia actual no es más que un elemento más del engranaje de relaciones económicas que es el capitalismo. Es decir, tanto el parlamentarismo es burgués, como la democracia es burguesa. Por lo tanto la defensa encarnizada que hacen muchos de ellos de la democracia pura (o en abstracto) como del parlamentarismo como medio de solución y mediación del conflicto (que poca gente sabe cuál es) al final no es más que… ¡¡ideología!! Ideología tal y como lo entendieron Marx y Engels. Al final los teóricos también viven en este mundo, y se nutren de las ideas del pasado. La postura de los que usan la palabra ideología en su concepto conservador y que defienden la democracia en abstracto y el parlamentarismo como medio, tienen su origen en el pensamiento socialdemócrata reformista de principios del siglo XX y más concretamente nos podemos centrar en Kautsky y su obra “La revolución proletaria” donde critica la toma del poder de los bolcheviques y defiende la democracia pura y el parlamentarismo como método, siendo la crítica de Lenin acertada a la hora de responder al ya “renegado” Kautsky espetándole que eso era defender la democracia burguesa, el parlamentarismo burgues, en definitiva el sistema burgués.

Marx y Engels al final volvieron a tener razón, pero a los ideólogos como Arendt no les faltaba tampoco razón cuando criticaban el totalitarismo estalinista de la URSS y llamaba ideólogos a los partidos comunistas de aquella época. Aquí también he intentado demostrar que lo eran, espero haberlo conseguido aunque sea un poco.

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