martes, 8 de febrero de 2011

“La realidad es un sitio feo e incómodo, pero a esta hora es lo único que hay abierto”

Tanto tiempo sin escribir, que parece que da pereza volverse a poner a ello. Han pasado tantas cosas durante mi parada “vacacional” por exámenes… el mundo que conocemos, se va desmoronando. Mientras, el norte de África se sacude en busca de un futuro nuevo, un futuro más digno para uno de los continentes más castigados por ese proceso que llaman “globalización”. El nombre de neocolonialismo, o Imperialismo mercantil le vendrían mejor, pero entrar en estos matices nos llevaría por los cerros de Úbeda. Quizá para otra entrada podamos detenernos un poco en ello, pero si no, Eduardo Galeano es quien posiblemente mejor explique esto.

Túnez, Egipto, Yemen, Jordania… los “pequeños” dictadores de Argelia, Libia y Marruecos no tardarán en sentir en sus carnes el clamor popular por unas mejoras claras y lógicas a ojos de un occidental de clase media-baja (o como diría Vicenç Navarro, clase obrera o trabajadora). Aunque bien es cierto que, las clases altas occidentales (comúnmente burguesía, aunque hay quien piensa que esta conceptuación esta algo desfasada) miran con cierto terror estas reclamas. Sin embargo, en Túnez y Egipto lo que tienen claro principalmente, es lo que no quieren. No quieren dictadores, no quieren hambre, no quieren represión, no quieren fundamentalismo (cosa extraña, cuando los medios de prensa burgueses se dedican a clamar sobre los terrores de “nuevos Iranes”), de forma más simple, no quieren lo que han tenido hasta ahora. Es algo que se ve a simple vista, además, como señalaba Beatriz Montañez en el Intermedio anoche, los egipcios se lo toman con bastante humor, algo que no hace el dictador Mubarak, que se aferra con uñas, dientes y algo más, al poder de su trono, sin entender que el trono ha desaparecido, y que hasta los militares le han dicho ya, con buenas palabras, que es hora de que se vaya pensando en –desgraciadamente para los que queremos que sea juzgado por todos los crímenes cometidos durante 30 años de dictadura- una jubilación y vacaciones en algún país vecino, un tanto forzosas. Esto de que Mubarak (y quien dice Mubarak dice los servicios de Inteligencia Americanos e Israelíes) no comprenda lo que Ben-Alí y consortes vieron tan claro, demuestra cuál es la realidad imperante, esa realidad fea e incómoda para todas las “democracias” occidentales que han apoyado y apoyan, estos regímenes dictatoriales. Nos muestran cuáles son los argumentos e intereses principalmente económicos que esos regímenes defendían, los acuerdos que los galantes de la democracia se enorgullecían de firmar. Sin embargo, esos galantes “democráticos” ordenan a sus buenos sirvientes que carguen sus tintas de rabia y sangre contra las Venezuelas, Bolivias y Cubas varias, y defiendan a capa y espada a sus amigos, aunque sean unos “hijos de puta”. Esto de “hijos de puta” no lo digo yo, lo dicen ellos mismos, porque como decía Roosevelt hablando de Somoza (y también pudiéndolo aplicar a Pinochet y tantos otros en América Latina), “será un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”. Pues bien, Mubarak, más que Ben-Alí, es su “hijo de puta”, como puntualizó Ignacio Escolar.

Al otro lado del Mediterráneo ¿qué es lo que pasa? ¿qué nos impide realizar un Túnez o un Egipto? ¿No son estas reformas salvajemente neoliberales, la destrucción del mundo tal y como lo conocemos? Mi generación, las que vienen por detrás, y bastantes de las que están por delante, van a conseguir algo que economistas, políticos y politólogos ­-a alguien que lo estudia no le cabe menos que hacer esta pequeña y sutil distinción, que otros muchos agradecerán- de signos varios (salvando con gusto por la izquierda, a ciertos de ellos), no fueron capaces de prever. Incluso es algo que algunos de ellos negaron categóricamente: vamos a vivir peor que nuestros padres. Lo que nos espera, paro estructural, trabajo precario, incertidumbre, falta de ahorro por imposibilidad de ello, y por lo tanto un consumo bajo y en algunos casos negativo, por lo que la profundización de la crisis se agudizará. Aunque esto no es el final, a malas el sistema volverá surgir con unas fuerzas endebles, preparando nuevas crisis quizás más pasajera, quizás más dura y severa. También puede ser que le demos por fin la patada al sistema capitalista y empecemos a construir una sociedad mejor, una sociedad más humana, científica y progresista. Lo que nos ocurre es un poco lo que les pasa a las clases populares de Túnez y Egipto, aún no sabemos muy bien que queremos, pero tenemos claro lo que no queremos. Sin embargo, nos falta estructurarlo. Tarde o temprano lo haremos, y entonces, nuestros dictadores particulares, “los mercados”, o el capital financiero organizado internacionalmente, como se prefiera, sabrá que las clases populares, los trabajadores, no tenemos por qué aguantar a ningún “hijo de puta”.

PD: en algún otro post hablaremos de sindicatos y gobierno, de patronales laicas y religiosas, que en esta cuestión del derrumbamiento de “nuestro” mundo, algo han tenido, tienen, y tendrán que ver, en algunos casos para mal, y en otros futuros, alguno para bien.

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